Como sabéis, el domingo pasado fue el Día Internacional de la Mujer. Sé que este tema parece que no puede hablarse en otra fecha. Pero este año, me tocó pasarlo en Polonia, visitando Cracovia y Varsovia por primera vez, con días soleados de lo más primaverales - razón por la cual me he pasado un par de domingos ausente por aquí.
Durante el paseo, había algo curioso en las calles: mujeres, muchas, con flores y hombres, muchos, saliendo de las floristerías con ramos preciosos.
Y es que, en países como Polonia, el 8 de marzo tiene las calles se llenan de flores, ya que se atisba el comienzo de la primavera, y es común que los hombres regalen pequeños ramos a las mujeres de su vida —compañeras, amigas, madres, hermanas. Concretamente, tulipanes siempre que es posible. Mi flor favorita.
Sin importar el color, el tamaño, o de quién venía. Un gesto sencillo, cargado de significado: la apreciación. Y esto me llevó a la reflexión de hoy.
Antes de los tulipanes
La historia del Día de la Mujer no empezó con flores.
Su origen está ligado a los movimientos obreros de principios del siglo XX, cuando miles de trabajadoras empezaron a reclamar algo que hoy parece evidente: mejores condiciones laborales, jornadas dignas y el derecho al voto.
En 1910, la activista alemana Clara Zetkin propuso crear una jornada internacional para visibilizar estas demandas. Poco después comenzaron las primeras celebraciones en varios países europeos.
Con el tiempo, el 8 de marzo se consolidó como símbolo de estas luchas, especialmente tras las protestas de mujeres en Petrogrado en 1917 reclamando “pan y paz”.
No fue hasta 1977, cuando las Naciones Unidas reconocieron oficialmente la fecha como el Día Internacional de la Mujer.
Es decir: sí, el 8 de marzo nació de una mezcla de lucha social, reivindicación política y búsqueda de igualdad. Hace más de 100 años. Y mi pregunta es, ¿hemos evolucionado en la dirección correcta?
¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo?
En los últimos años, el feminismo y el propio 8M se ha convertido también en un campo de debate. Mientras en algunas calles se regalaban tulipanes, en internet aparecía otro tipo de celebración: el ya conocido “purple-washing”, con promociones y ofertas al más puro estilo Black Friday.
También, hay una gran parte que han convertido este día en un espacio de discursos de batalla de poder entre hombres y mujeres con frases en carteles como “Si los hombres son de Marte, que se queden allí” (Ojalá hubiera hecho el screenshot).
Lo cual, me llama la atención siendo que la Real Academia Española, define el feminismo como “ideología que define que las mujeres deben tener las mismas oportunidades que los hombres”.
No quiero con esto decir que no haya que seguir reivindicándo y luchando contra cualquier forma de violencia. Pero sí me cuestiono si alguna de las dos visiones captura del todo el espíritu del día.
Romper las jerarquías, sin crear nuevas
Dejando de lado el marketing morado por razones obvias, creo que si hay algo realmente a cuestionar es esta batalla de géneros, donde parece que ellos no son bienvenidos en la celebración de este día. Mary Shelley (o su madre) allá por 1792, escribían:
“No deseo que las mujeres tengan más poder sobre los hombres, sino que tengan más poder sobre ellas mismas.”
Esta frase - bien del siglo XVIII - quizás responde a mi pregunta sobre si hemos avanzado en la dirección correcta. Y es que, siento que la lucha por la igualdad debe hacerse conjuntamente, sin buscar dominar a nadie. Si no buscando la libertad de poder elegir la vida propia.
Virginia Woolf - un icono feminista - allá por 1929 hablaba de que “una mujer necesita independencia económica y un espacio propio para poder pensar, escribir y crear”. Algo que hoy, en la sociedad moderna y culturas occidentales, nos parece una obviedad. Pero te digo más: No hablaba de vencer a los hombres. Hablaba de poder existir plenamente como mujeres.
Por eso, autoras actuales como Chimamanda Ngozi Adichie han destacado por volver a traer esa misma idea en su ensayo: Todos deberíamos ser feministas (We Should All Be Feminists, 2013).
«El feminismo no trata de hacer a las mujeres más fuertes. Las mujeres ya son fuertes. Se trata de cambiar la forma en que el mundo percibe esa fuerza.»
Chimamanda Ngozi Adichie
Para ella, gran parte del rechazo que provoca la palabra nace de una caricatura del feminismo como confrontación. Sin embargo, su planteamiento nos revela que una sociedad más igualitaria, no solo nos libera a las mujeres, sino también libera a los hombres de los roles rígidos que les impone el género —la obligación de ser siempre fuertes, proveedores o emocionalmente impenetrables—.
El feminismo no busca invertir las jerarquías, sino cuestionarlas.
Esta es la postura que nos trae la escritora: no se trata de que unas personas tengan poder sobre otras, sino de que todos tengamos más libertad para ser quienes somos.
La valentía de elegirse. Libremente.
Hoy en día llamarse feminista a una misma, es más valiente de lo que puede parecer. Sobre todo, si perteneces a moldes definidos como “tradicionales”. Independientemente de tu posición política, laboral, o en la familia.
Por eso, cada vez me interesa más una forma más íntima de entender el Día de la Mujer: una oportunidad para dedicarnos tiempo, mostrarnos aprecio mutuamente y preguntarnos:
¿Tengo poder sobre mi propia vida?
¿Sobre mis decisiones?
¿Sobre mi tiempo?
¿Sobre la forma en que quiero vivir?
Porque si algo han defendido muchas mujeres, escritoras y pensadoras a lo largo de la historia, es la idea de que
la verdadera libertad empieza en la conciencia de una misma.
Algo a lo que yo siempre os invito desde este pequeño espacio o club editorial, como me gusta llamarlo.
Porque si hay algo más valiente que enfrentar géneros, o imponerse a otros seres humanos, es conocerse, y elegirse libremente a una misma. Sin molestar a nadie. Sin juzgar a otras mujeres por no vivir como tú lo vives. Dándonos espacio para ser quienes queramos, y voz sobre nuestras propias vidas.
Y en ese sentido, quizás podamos convertir el Día de la Mujer en una invitación a volver a nosotras mismas, con amor, respeto y dándonos valor.
Y es que como dijo la gran Coco Chanel:
«Una mujer debe ser dos cosas: quien ella quiera y lo que ella quiera»
Volviendo al inicio de la historia, yo visitaba la ciudad con dos hombres: mi marido y mi hermano. Y por primera vez en mucho tiempo, me sentí reconciliada con la celebración de este día. Y ellos también.
Quizás porque entre tanto debate, consignas y marketing morado, aquel gesto sencillo —un ramo de tulipanes en las manos de tantas mujeres— me recordó algo muy sencillo: que celebrar a las mujeres también puede ser simplemente eso: apreciar y reconocer su valor.
Recomendaciones de la semana
Sin duda, este tema es infinito, como las recomendaciones alrededor del mismo. Por eso, voy a dejaros dos:
Regala tulipanes a las mujeres de tu vida. Siempre que puedas. También libros. O una mezcla de los dos:
Si te apetece, aquí tienes el TEDx del que hablaba antes:
Ya sabes que me encantará leer tu opinión o reflexión al respecto.
Mucho love,
Ce.
Nos leemos pronto <3











Totalmente de acuerdo con lo que dices… para mí el feminismo es luchar por tener igualdad de derechos y oportunidades, hemos avanzado pero queda todavía mucho por hacer. Pero sin pisar a nadie, abrazando nuestras diferencias. En mi humilde opinión, si queremos que el feminismo siga avanzando lo tenemos que hacer con ellos, no en contra de ellos…