El otro día abrí un email que llevaba una semana evitando responder.
Ahí estaba, en la bandeja de entrada, bajando un poco más cada día,
como si el tiempo pudiera diluir lo que contenía.
Me quedé pensando en la cantidad de energía que estaba invirtiendo en no abrirlo. En cómo, durante días, la posible respuesta de ese email había ocupado más espacio en mi cabeza, que en la propia « nube ».
Y me di cuenta de algo incómodo: no responder también era una decisión. Así que decidí hacerlo.
Vivir en el “ya veremos”
Personalmente, nunca me he sentido del todo cómoda en ese lugar. En el “ya veré”.
Si bien no os negaré que lo estoy explorando cada vez más, porque puede liberarte mucho espacio mental, y darte alguna que otra alegría.
Sobre todo para personas como yo: innatas soñadoras. De las que imaginamos y nos recreamos en infinitos escenarios que pueden darse desde el mismo punto de partida.
No elegir ¿te da más libertad?
Hay quien se siente cómodo porque debemos reconocer que hay algo adictivo en lo no resuelto.
En las historias que pueden ser de mil maneras distintas. En los “y si…”.
Es un lugar bonito. Un lugar donde puedes ser muchas versiones de ti. Vivir muchas vidas en paralelo. No elegir del todo.
Sin embargo, “no elegir” o “no saber” no siempre equivale a libertad.
A veces es una forma muy elegante de quedarte donde estás.
Porque es un espacio de limbo: Nada se rompe. Pero tampoco nada avanza.
Y es que, la incertidumbre, por muy grande que parezca, es una habitación sin ventanas ni puerta de salida. A veces no es elegida. Y frente a eso poco podemos hacer.
Pero cuando la elegimos, cuando procrastinamos, debemos ser conscientes de que lo que no pasa, también tiene consecuencias:
Te llena la cabeza de ruido.
Te engancha a historias que no existen fuera de ti misma.
Te deja en pausa.
Y poco a poco, casi sin darte cuenta, te acostumbras a vivir más en lo que podría ser que en lo que realmente es.
Y eso, queridas, nos estanca.
Pasar de la posibilidad a la realidad.
Por eso, me gusta que las cosas pasen.
Porque elegir, tiene algo de renunciar. Porque cerrar una puerta, parece que fuera como perder algo. Y puede que lo sea. Pero también es lo único que convierte algo en real.
Y es que cuando sabes… cuando preguntas, cuando abres, cuando decides… pasan cosas.
Y esas cosas, te colocan. Te mueven. Te obligan a reformular la idea que tenías de algo —o de alguien—. A afrontarla. A vivir, sabiendo como son las cosas.
Pasa de posibilidad a realidad.
La vida en tu mano mejor que la miel en los labios
Y a pesar de ello, me gusta que las cosas pasen.
No porque siempre salgan bien.
No porque no duelan a veces.
No porque no haya días en los que preferiría no abrir nada, no preguntar nada, no decidir nada.
Sino porque lo contrario se siente así como vivir con la miel en los labios. Como estar siempre a punto de algo… que nunca termina de ocurrir.
Como vivir en un pasillo lleno de puertas sin atreverte a entrar en ninguna.
Como tener mil versiones posibles de tu vida y no habitar del todo ninguna.
Y yo, prefiero equivocarme con algo real
que acertar en algo que nunca me atreví a vivir.
Prefiero una respuesta incómoda, a una duda eterna.
Olvidarme de las puertas que se cierran, y saberlo todo sobre las que se abren.
Supongo que, en el fondo, se trata de eso:
De elegir vivir en las posibilidades que sí están pasando, en lugar de quedarte atrapada en todas las que podrían pasar.
Y tú, ¿hay algo que llevas tiempo sin abrir?
El ritual de esta semana: Hacer que las cosas pasen✨
A veces evitamos responder a otros. A veces, es a nosotras mismas a quien evitamos hacernos la pregunta.
En mi próximo ritual de « 30 minutos yo » te cuento los pequeños hábitos que a mí me sirven para evitar procrastinar.
Te hablaré sobre hábitos que me funcionan elegir mis próximas tareas y tomar decisiones cuidando de mi: de forma ordenada sin saturarme ni sobre exponerme. ✨
Te dejo algunos de mis otros artículos y rituales por si te acompañan:
Nos leemos el próximo domingo <3.
Mucho love,
Ce.











Me encanta
Piel de gallina. Yo decido elegir y crecer, aunque implique equivocarse a veces.
ViVi