Hola, soy Ce, tengo 30 años, y esto es “30 veces yo”.
Un club editorial para las que nos estamos conociendo a nosotras mismas. En todas nuestras versiones.
Si quieres recibir un artículo cada semana, con reflexiones y aprendizajes personales, y rituales para dedicarte tiempo y volver a ti.
Espero que tú también te encuentres en alguna de mis versiones.
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“Slow-life”: encontrar espacios para bajar el ritmo
Siempre me ha gustado el ritmo de estas fechas:
Empieza con el Domingo de Ramos, con esa sensación de inicio, de algo que se abre. Y poco a poco, casi sin darte cuenta, te va llevando hacia un lugar mucho más íntimo, más silencioso, más hacia dentro… hasta entrar en el tiempo de Pascua.
Ya sea por lo religioso, o por lo simbólico, hay algo en estos días que invita a parar.
Y no hablo solo de vacaciones - que la verdad ayudan mucho a poder darse ese espacio.
Si no a parar para reflexionar y hacer un pequeño balance.
Como si, sin decirlo demasiado alto, el calendario nos recordara que también necesitamos momentos de pausa para encontrarnos con nosotros mismos.
Este año mi Semana Santa la vivo entre playas paradisíacas, mares de toda la gama de azules, sol radiante. Calma. Un ambiente de “slow life” que solo invita a quedarse a vivir en él.
De momento, aquí os dejo la reflexión que me ha dejado.
Tiempo de Pascua
Quizás, como yo, hayas crecido entre tradiciones, rituales, y costumbres católicas en estas fechas. En mi caso, tiempo de familia, con la suerte de vivir las procesiones en el sur de España.
Con los años, quizás ya no es tan fácil reunirte con tu familia. Quizás es una época ideal para viajar a lugares más lejanos.
Y entonces te das cuenta de que importa menos la forma, y más el fondo.
Y el fondo, al final, siempre habla de lo mismo: De revisarse. De perdonar. De soltar.
De dejar atrás lo que pesa y permitirte empezar desde otro lugar, quizás más ligero, más consciente, más en paz contigo misma.
Introspección en tiempos de “over-sharing”
Mirarse a uno mismo en tiempos en los que acostumbramos continuamente a mirar a los demás, parece complicado.
Este Miércoles Santo, en misa leían este Evangelio (por si te interesa), donde se hablaba de que “mirar al otro no nos permite mirarnos a nosotros mismos”. Es decir, culpar al otro, fijarse en lo que hace el otro, en lo que tiene, es mucho más fácil y cómodo que reconocer nuestra propia responsabilidad sobre las cosas que nos pasan.
Vivimos en tiempos donde compartir es fácil: Lo estético. Lo bonito. Un lugar, un plan, una buena noticia. A veces, incluso antes de llegar a apreciarlo debidamente nosotros mismos.
Pero solo lo que vemos fuera de nosotros mismos. Y es que, mirarse a uno mismo, hacia dentro, tiene eso de que no siempre nos gusta lo que vemos.
Puede que nos encontremos con esas versiones de nosotros menos atractivas: La que duda. La que evita. La que tiene miedo. La que a veces se equivoca y no sabe reconocerlo del todo. La que podría haber dicho las cosas de otra forma. La que no estuvo a la altura de quien quería ser.
Pero, ¿sabéis lo bueno de todo ello?
Que podemos elegir darnos una segunda oportunidad.
Perdon(arte)
El perdón, no siempre es fácil. Y no hablo solo del de los demás, si no de uno aún más complicado: el propio.
El de dejar de repetirte lo que hiciste mal.
El de no castigarte por lo que ya no puedes cambiar.
El de aceptar que hiciste lo que supiste con lo que tenías en ese momento.
Perdonar, y perdonarte, es sin duda todo un arte, que requiere de mucha seguridad interior. De introspección. De encuentro con una misma.
De saber mirar hacia adelante. Porque amiga, déjame decirte que, sin ese paso, es muy difícil avanzar.
Porque no puedes renovarte si sigues anclada a versiones pasadas de ti.
Seguir tu viaje más ligera
Volviendo a mi viaje, he pasado mi Semana Santa en un lugar donde le rezan a la Virgen del Buen Viaje. ¿Casualidad? Si me conoces un poco, ya sabrás que no lo creo.
Están siendo muy especiales para mí, para reconectar conmigo, para soltar y sin duda, para entender que continúo mi viaje con energías renovadas.
Así que te invito a lo mismo: A definir tu buen viaje, y a seguirlo, más ligera.
No se trata de empezar de cero como si nada hubiera pasado. Sino desde algo mucho más honesto:
Dándote permiso para no ser siempre la misma.
Aceptando que puedes revisarte sin juzgarte tanto.
Perdonándote sin justificarlo todo.
Parando un momento y preguntándote:
¿Qué necesito soltar para poder avanzar más ligera en mi viaje?
El ritual de esta semana: “Perdonar para soltar: Dejar espacio a lo que viene”.
Si quieres hacerlo de forma guiada, o acompañada, en el próximo ritual, te compartiré algunas prácticas que he aprendido para perdonarse a una misma. Para soltar, para dejar espacio a lo nuevo. Para renovarse.
Sin promesas grandilocuentes. Solo un poco más en paz contigo misma.
Será de los últimos disponibles de manera gratuita, espero que te ayude.
Feliz Domingo de Resurrección 🕊️y Felices Pascuas.🐣
Nos leemos pronto.
Mucho love,
Ce. 💌






Me encanta leerte Ceci. Eres inspiración.
ViVi
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