Si sientes que vives en piloto automático y necesitas un rato para escucharte estás en el sitio correcto.
Hola, soy Ce. Esto es 30 veces yo: Cada domingo: una reflexión + un ejercicio de escritura para volver a ti en 30 minutos.
💌
A los 10 años yo quería ser veterinaria. A los 14, periodista. A los 18, publicista. A los 22, algo con marketing. A los 24, emprendedora. A los 25, me fui a trabajar al mundo corporate en otro país, cumpliendo mi sueño de trabajar de manera internacional.
Y ahora, a los 30, si me preguntas qué quiero ser de mayor, te miro con la misma cara que ponía Peggy Olson en Mad Men cuando le pedían que eligiera entre ser buena profesional o buena mujer. Esa cara de: ¿por qué tengo que elegir?
Porque eso es lo que nadie te dice. Que a los 30 no se te pasa la confusión. Que no llegas a esta edad con un plan claro, un propósito definido y una bio de LinkedIn que te represente de verdad. Que la crisis vocacional no es cosa de los 20. A los 30 vuelve, pero con hipoteca emocional, con un CV que ya pesa, y con la presión añadida de que “a estas alturas ya deberías saber”.
Ya deberías saber qué quieres. Ya deberías tener una carrera. Ya deberías haber encontrado tu propósito.
¿O no?
El mito de la vocación única
Nos vendieron una historia muy concreta: que cada persona tiene UNA vocación. Un llamado. Una cosa para la que nació. Y que tu trabajo en la vida es encontrarla, dedicarte a ella, y ser feliz para siempre.
Como si fuera un príncipe azul pero en versión laboral.
Y si no la encuentras, algo está mal en ti. Eres dispersa. No te comprometes. No tienes disciplina. No sabes lo que quieres.
Ya os lo decía en este post:
Y es que si a los 20 la idea de ser CEO de una gran empresa a lo Miranda Priestly me parecía lo más atractivo (…), hoy, a los 30, ya no lo tengo tan claro.
Pero ¿y si el problema no somos nosotras? ¿Y si el problema es el modelo?
Porque ese modelo, “una persona, una vocación”, toda la vida, tal vez funcionaba cuando la gente trabajaba en lo mismo 40 años y se jubilaba con un reloj de oro. Pero tú y yo vivimos en un mundo donde los trabajos cambian cada 3 años, donde las carreras ya no son lineales, donde puedes ser analista de datos por la mañana y escribir una newsletter por la noche.
El modelo de “una vocación” no fue diseñado para personas como nosotras. Personas que son muchas cosas a la vez. “Multipasionales”, nos llaman. Que tienen intereses que no caben en una sola casilla.
Y sin embargo, seguimos sintiéndonos rotas por no encajar en él.
Peggy Olson no sabía qué quería ser
Si has visto Mad Men, sabes de qué hablo. Peggy empieza como secretaria. Termina como directora creativa. Pero su camino no fue una línea recta. Fue un zigzag de prueba y error, de puertas que se abrían por accidente, de momentos donde no tenía ni idea de qué estaba haciendo.
Y lo más importante: nunca tuvo un “plan de carrera”. Tuvo curiosidad. Tuvo hambre. Tuvo la valentía de decir “quiero más” sin saber exactamente qué era ese “más”.
Peggy no encontró su vocación. La fue construyendo. Decisión a decisión. Proyecto a proyecto. Error a error.
Y quizás es eso lo que nadie nos cuenta sobre el propósito: no se encuentra. No TE encuentra. Se construye.
No es algo que descubres un martes por la mañana mientras meditas. Es algo que vas armando con las cosas que te interesan, las que se te dan bien, y las que el mundo necesita. Y cambia. Y evoluciona. Y eso está bien.
¿No sabemos qué ser o no sabemos qué elegir?
Aquí viene lo que de verdad creo.
Creo que la mayoría de las que decimos “no sé qué quiero ser” en realidad sí sabemos. Lo que pasa es que queremos ser demasiadas cosas. Y nos dijeron que eligiéramos una.
Si eres de las mías, seguramente quieres escribir. Y quizás también te interesa el diseño. Y te gustaría emprender algo. Y te fascina la psicología. Y a veces piensas que deberías haber estudiado arquitectura. Y otras veces fantaseas con abrir una cafetería con libros.
Y como no puedes meterlo todo en una tarjeta de visita, decides que estás perdida.
Pero igual no estamos perdidas. Estamos llenas.
Llena de intereses, de curiosidades, de posibles versiones de ti. Y eso no es un defecto. Es una riqueza que el mercado laboral no sabe cómo clasificar.
Como escribí en “No necesité irme a Bali”: no necesitas un escenario perfecto para encontrarte. A veces solo necesitas dejar de buscar LA respuesta y empezar a explorar las muchas respuestas posibles.
Y como hablamos en “Hay canciones que ya no soy yo”: quizás la versión de ti que eligió esa carrera a los 18 ya no existe. Y la que estás siendo ahora necesita una banda sonora diferente. Un camino diferente. Un “qué quiero ser” diferente.
5 cosas que me están ayudando en mi camino
Dejame empezar por lo que no me ayuda: Hacer otro test vocacional. Compararte con la amiga que “lo tiene clarísimo” (spoiler: probablemente tampoco). Leer artículos de “cómo encontrar tu propósito en 5 pasos”. Esperar a que un día te despiertes y lo sepas.
Sí me ayuda:
Experimentar. Probar cosas pequeñas sin presión de que sean “tu vocación”. Darte permiso para ser varias cosas a la vez.
Separar “lo que me da dinero” de “lo que me da sentido”, no tienen que ser lo mismo.
Hablar con personas que hacen cosas que te intrigan. Cómo es su día a día. Hacerte preguntas para ver qué encaja contigo.
Preguntarte no “qué quiero SER” sino “qué quiero HACER esta semana, este mes, este año”. Porque “ser” es muy grande. “Ser” suena a para siempre. Pero “hacer” es manejable. “Hacer” es hoy. “Hacer” te permite cambiar de opinión sin sentir que fracasaste.
Y por supuesto, sí ayuda: hablar con un coach profesional. En ello estoy ahora mismo, y estoy entusiasmada. ¡Os contaré más!
Me encantaría saber qué te ayuda a ti, si te apetece compartirlo.
Nuestro ejercicio de esta semana: Las 5 vidas
Por un lado, te comparto mi “vision board profesional” que te animo a hacer. Me he divertido, me he entusiasmado y sin duda, me ha hecho sentir más cerca de mi ideal.
Esta semana te propongo algo que viene del libro “Diseña tu vida” de Bill Burnett, que he descubierto hace poco y voy a hacer esta semana.
Coge papel y boli. Imagina que tienes 5 vidas paralelas. En cada una puedes ser algo completamente diferente. No hay límites de dinero, tiempo, talento ni edad. Las únicas reglas: las 5 tienen que ser diferentes entre sí, y al menos una tiene que ser algo “absurdo” o que nunca te atreverías a decir en voz alta.
Escribe:
Vida 1: La que estás viviendo ahora (tu camino actual, mejorado)
Vida 2: La que elegirías si tu trabajo actual desapareciera mañana
Vida 3: La que elegirías si el dinero no importara
Vida 4: La que elegirías si nadie te fuera a juzgar
Vida 5: La absurda. La que te da vergüenza admitir. La que suena a locura.
Ahora mira las 5. ¿Qué tienen en común? ¿Hay algún hilo que se repite? ¿Alguna emoción, algún tipo de actividad, algún valor que aparece en varias?
Ese hilo es tu pista. No tu destino. Tu pista. El inicio de algo que puedes explorar sin presión de que sea “lo tuyo” para siempre.
Y recuerda: como dijo una lectora que quiere sentirse realizada profesionalmente: no necesitas tenerlo todo resuelto. Solo necesitas dar el siguiente paso. Uno. Pequeño. Hoy.
No estás perdida. No estamos perdidas.
Estamos en un cruce con demasiadas direcciones posibles. Y eso no es un problema: es un privilegio que todavía no hemos aprendido a aprovechar.
En mi lista de lectura
📖 “Diseña tu vida” de Bill Burnett y Dave Evans — El libro que te enseña a tratar tu carrera como un prototipo, no como un plan maestro. Basado en design thinking aplicado a decisiones vitales. Si estás en crisis vocacional, empieza por aquí.
📖 “Encuentra tu Ikigai” — Para las que necesitan un marco más visual: qué te gusta, qué se te da bien, qué necesita el mundo, por qué te pueden pagar. No como respuesta definitiva — como brújula.
📖 “Coaching con PNL” — Lo estoy leyendo ahora mismo. Me está ayudando a entender cómo nos contamos historias sobre lo que “podemos” y “no podemos” ser. Muy útil si sientes que te autolimitas.
Y cuéntame: ¿qué querías ser de mayor a los 10? ¿Y ahora? No lo que “deberías” querer. Lo que de verdad te sale cuando nadie te juzga. Responde a este email. Me muero por leer tus 5 vidas. 💌
Mucho love,
Ce.
¿Conoces a alguien que lleva meses diciendo “no sé qué hacer con mi vida”? Mándale esto. A veces lo que necesitas no es una respuesta: es saber que no eres la única.






AMÉ profundamente este artículo. Simplemente GRACIAS🤎
Y al final la vida es también el día a día que podemos elegir disfrutar mientras vamos descubriendo el camino a recorrer